En años recientes, el concepto de “negocio boutique” se ha puesto de moda. Se dirige a los consumidores que buscan un producto o servicio distintivo, difícil de encontrar en cualquier otro lugar. Estos negocios están dirigidos a clientes exigentes que buscan exclusividad, y a quienes no les importa pagar un precio más alto por recibirla.
Originalmente el término “boutique” se usaba para referirse a una tienda de ropa pequeña, donde se vendieran prendas y accesorios únicos; es decir, no procedentes de una fabricación masiva. A diferencia de las grandes cadenas de ropa, en estas tiendas se ofrecen prendas de una sola talla, color y diseño. Los clientes que compran aquí quizá paguen un precio más alto, pero reciben a cambio la certeza de que, si asisten a alguna fiesta o reunión, no encontrarán a alguien con una prenda idéntica.
Un servicio a la medida
Productos no fabricados en serie, una decoración única, espacios cómodos… ¿qué otra cosa distingue a un negocio boutique? Por supuesto, el servicio personalizado. Estos negocios apuestan por tener pocos clientes para garantizar una atención de la mejor calidad posible, centrada en sus necesidades y peticiones específicas.
El cliente target de los negocios boutique apuesta por vivir una experiencia diferente y única. Esto se ve claramente reflejado en los hoteles boutique, un servicio de hospedaje con pocos cuartos –no más de quince– que se alejan del lujo y el servicio estandarizado de los resorts para ofrecer intimidad, exclusividad y atención personalizada. De este modo, se forma una relación mucho más directa entre el cliente y el hotel.
En el sector gastronómico esta tendencia también está al alza. Cada vez más, los clientes exigentes prefieren las chocolaterías boutique, pastelerías, heladerías, tiendas de alimentos gourmet, boutiques de vinos o hasta carnicerías gourmet a las grandes tiendas que forman parte de una cadena.










